sábado, 27 de octubre de 2012
Niño(s) Grande(s)
Hoy me encontré con un niño casi adolescente. Alto, delgadísimo y con los ojitos y el pelo del mismo tono que mi hijo Neu.
El niño grande deslumbraba con sus saltos a unas niñas de risa boba.
Pasó a mi lado.
Me rozó el hombro.
Me sirvió para medir mentalmente la altura de mi hijo; imaginarlo caminando a mi lado y fantasear un presente probable si a un cromosoma empedernido no se le hubiese borrado una patita capaz de causar tantos estragos.
Como una perra olfateé el aire del breve espacio que nos separaba.
Lo sentí mío.
Versión ambulante, ruidosa y caricaturesca de una realidad perteneciente a un mundo paralelo. El mundo de otros.
Lo sentí ajeno.
Llegué a casa deseosa de abrazar a Neu, mi hijo, niño-grande, que sólo deslumbra a quienes lo queremos.
Estando sola, me ahogué en el piano.
La nostalgia por lo que pudo ser no suele venir a visitarme.
Cuando llega se desliza como un escalofrío en el alma y dura tanto como el instante en que me debato entre llorar o recoger los juguetes desordenados o poner la lavadora y recordar que algún día debería echar lejía a los azulejos del baño...
Tan pronto me seco una lágrima anárquica y decido otra vez postergar las tareas domésticas indefinidamente, llegan Jorge y los niños.
Risas, gritos y un Neu inquieto que retuerce sus brazos y piernas en rama.
Lo abrazo fuerte y siento profundamente la certeza de saber que estoy en el lugar exacto a donde pertenezco.
Niño-grande, niño raro.
Indescifrable.
Impredecible.
Te amo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)

Nuestros hijos no son nuestros hijos, son los hijos y las hijas de los anhelos que la vida tiene de si misma. Khalil Gibran. Tiene razón.... pero a veces me planteo si ustedes que también son padres especiales, SON UNA VIDA ESPECIAL. Un abrazo.
ResponderEliminar