Ayer por la tarde tuvimos un regalo maravilloso. Un pastor trajo su rebaño cerca de casa y dos ovejas parieron justo cuando salíamos. Una de las ovejas tuvo dos corderos, uno negro y uno blanco. Los niños vivieron la experiencia con admiración y respeto. Se quedaron quietitos observando a un par de metros de distancia, sin hacer ruido. Me pareció una lección maravillosa de confianza, detenimiento, reflexión y vida.
Cuando nos íbamos, Milla le dijo a Alén:
- "Yo no había visto parir a ningún otro animal a parte de a mamá cuando te tuvo".
Este tipo de experiencias, sin interferencias, ni prisas nos marcan.
Al subir al coche comentamos lo visto. Surgieron preguntas y reflexiones.
Por mi parte agradezco a la vida la posibilidad de re-descubrirla a través de los ojos de mis tres niñ@s, y agradezco las lluvias de humildad y grandeza a la que me exponen. También reconozco que cada vez que confío en los cambios que mi vida plantea, se presentan más sabios, más verdaderos y ofrecen este tipo de regalos que nos conectan con lo más profundo de nosotros.

http://www.youtube.com/watch?v=WyOJ-A5iv5I
ResponderEliminarabrazos!
Gracias Cris! Sí... gracias a la Vida!
ResponderEliminarTe leo hace un tiempo, y me encanta. Gracias por tanto!
ResponderEliminarMuchas gracias Irene. No escribo tanto como quisiera aunque acumulo papelitos con historias. Tal vez algún día voy encontrando el tiempo de pasarlos al blog.
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